Una llegada a la cita que quedó en silencio
Desde el primer contacto con la psicóloga Ps. Pamela Núñez Alvarez, la experiencia es marcada por una sorprendente falta de comunicación y profesionalismo. La pareja llega con puntualidad a su consulta en un día jueves, luego de recorrer una larga distancia en Santiago, con la esperanza de recibir orientación y apoyo psicológico. Sin embargo, la sensación que dejan en el consultorio no puede ser más desoladora: al anunciarse, la respuesta es un silencio incómodo y un evidente desinterés por gestionar una cita válida.
Este hecho refleja una falta de atención a los pacientes y una descoordinación grave, especialmente considerando que la reserva previa fue confirmada y posteriormente cancelada sin aviso alguno. El hecho de llegar y obtener una negativa sin previo aviso trae una sensación de desilusión y pérdida de confianza en quien debería brindar confianza y apoyo en momentos delicados.
La cancelación sin aviso: una ofensa al tiempo y la espera
Uno de los aspectos más criticados en esta experiencia es la forma en que la profesional canceló la cita sin comunicarlo previamente. La pareja descubrió, solo al llegar, que su cita había sido cancelada, evidenciando:
- Falta de comunicación: Ningún correo, llamada o notificación automática fue enviada a los pacientes.
- Irresponsabilidad: La decisión de cancelar sin informar es vista como una falta grave en un servicio que exige empatía y confidencialidad.
- Perjuicio emocional: La pareja invirtió tiempo y esfuerzo, además de colocar en riesgo su proceso terapéutico, debido a una gestión superficial e insensible.
Este comportamiento genera frustración y desconfianza, impactando negativamente en la percepción del valor que la psicóloga otorga a la salud mental de sus clientes.
La respuesta que consagra el desconocimiento de la ética profesional
Cuando la pareja contactó a la psicóloga para consultar sobre la cancelación, su respuesta fue contundente y poco empática: "no es mi problema". Esta reacción revela una actitud sumamente inapropiada para un profesional de la salud mental, pues:
- Carece de empatía: La respuesta muestra indiferencia ante la situación de angustia y confusión del paciente.
- Falta de responsabilidad: No asume su error ni ofrece una disculpa, lo que sería mínimo en situaciones de este tipo.
- Daña la confianza: La comunicación en la relación terapéutica debe basarse en respeto y cuidado, aspectos que en este caso parecen ausentes.
Este incidente no solo refleja una mala praxis en la gestión administrativa sino también una deficiente ética profesional que perjudica la percepción de quienes buscan ayuda.
Opiniones y percepciones de otros usuarios: un patrón preocupante
La experiencia negativa comentada por una de las pacientes no es aislada. La valoración en plataformas y redes sociales muestra un patrón de insatisfacción con la atención y el trato recibido. Algunos puntos recurrentes en las opiniones son:
- Falta de seguimiento: Citas canceladas sin aviso ni reprogramación eficiente.
- Baja empatía: Respuestas despectivas o indiferentes cuando los pacientes requieren atención.
- Falta de compromiso: La percepción de que la profesional prioriza su agenda sobre las necesidades de quienes confían en su ayuda.
Este conjunto de quejas genera una imagen negativa que invita a reflexionar sobre la responsabilidad ética y profesional que toda institución o especialista en salud mental debe tener, especialmente en una ciudad tan demandante como Santiago.
La experiencia relata una serie de fallas graves en la relación entre la paciente y la profesional, subrayando la importancia de buscar un espacio de confianza y respeto en la atención psicológica.